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b'LUCAS SOARES'
b'RAPSODA'
b'MANSALVA'

Páginas: 56
Formato: b''
Peso: 0.3 kgs.
ISBN: b'9789878337883'

b'\nHay un endecas\xedlabo \xfanico en este libro que expande su t\xedtulo: los simulacros del viejo rapsoda. Porque de eso se trata: alguien que emite episodios r\xedtmicos, por arranques, por s\xfabitos hallazgos de una imagen o una frase que se arma, gira en el aire, choca con su propia estructura de subordinadas y cae de soslayo. Lo que es tambi\xe9n, como todo el libro, una variaci\xf3n del concepto lucreciano de clinamen, lo que se desv\xeda, lo que se inclina. Sin ese desliz, las palabras y las cosas caer\xedan en l\xednea recta hacia la pura repetici\xf3n de su insignificancia. Pero aqu\xed hay un viejo rapsoda, acaso enfermo, que recita, que vuelve a empezar cuando los versos que caen se interrumpen. Y en cada comienzo, otro incidente desv\xeda la atenci\xf3n, hay choques de palabras que arman esos \xe1tomos de la poes\xeda que se llaman versos, breves, raudos, corpusculares, como part\xedculas que flotan un momento en la semipenumbra de una pieza bajo el rayo inclinado del sol invisible. El rapsoda arma entonces sus simulacros con palabras, pero tambi\xe9n con sus cortes, lo que interrumpe, lo que se sustrae. Cada poema deja su imagen intermitente en el espacio de silencio que ocup\xf3, en la evanescencia de su recitado fantasmal: espumas en piedras, reflejos en pantallas, e incluso ruidos en artefactos m\xe9dicos. A trav\xe9s del sonido, hay una m\xe1quina que realiza su diagn\xf3stico por im\xe1genes, traduce un bombardeo audible en una vor\xe1gine visible de puntos de luz, y as\xed tambi\xe9n el rapsoda que pone a funcionar Soares brinda su recitado, un simulacro de relato, mediante patrones r\xedtmicos, traduce una manera de cortar las frases y cerrarlas en el instante de su aparici\xf3n en una figura que tiene su propia voz. En el silencio final, el viejo rapsoda encuentra el arte de la pintura por medio de la ausencia del poema, que se ha vuelto materia, tema y grado de inclinaci\xf3n verbal. Y sin saberlo traza la par\xe1bola de su vida, de un recitado a otro, con un pincel que imita las cosas sensibles sin dejar de recordar las letras que se dejaron atr\xe1s, sus diagramas olvidados para que los simulacros sigan en movimiento.'

RAPSODA

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b'\nHay un endecas\xedlabo \xfanico en este libro que expande su t\xedtulo: los simulacros del viejo rapsoda. Porque de eso se trata: alguien que emite episodios r\xedtmicos, por arranques, por s\xfabitos hallazgos de una imagen o una frase que se arma, gira en el aire, choca con su propia estructura de subordinadas y cae de soslayo. Lo que es tambi\xe9n, como todo el libro, una variaci\xf3n del concepto lucreciano de clinamen, lo que se desv\xeda, lo que se inclina. Sin ese desliz, las palabras y las cosas caer\xedan en l\xednea recta hacia la pura repetici\xf3n de su insignificancia. Pero aqu\xed hay un viejo rapsoda, acaso enfermo, que recita, que vuelve a empezar cuando los versos que caen se interrumpen. Y en cada comienzo, otro incidente desv\xeda la atenci\xf3n, hay choques de palabras que arman esos \xe1tomos de la poes\xeda que se llaman versos, breves, raudos, corpusculares, como part\xedculas que flotan un momento en la semipenumbra de una pieza bajo el rayo inclinado del sol invisible. El rapsoda arma entonces sus simulacros con palabras, pero tambi\xe9n con sus cortes, lo que interrumpe, lo que se sustrae. Cada poema deja su imagen intermitente en el espacio de silencio que ocup\xf3, en la evanescencia de su recitado fantasmal: espumas en piedras, reflejos en pantallas, e incluso ruidos en artefactos m\xe9dicos. A trav\xe9s del sonido, hay una m\xe1quina que realiza su diagn\xf3stico por im\xe1genes, traduce un bombardeo audible en una vor\xe1gine visible de puntos de luz, y as\xed tambi\xe9n el rapsoda que pone a funcionar Soares brinda su recitado, un simulacro de relato, mediante patrones r\xedtmicos, traduce una manera de cortar las frases y cerrarlas en el instante de su aparici\xf3n en una figura que tiene su propia voz. En el silencio final, el viejo rapsoda encuentra el arte de la pintura por medio de la ausencia del poema, que se ha vuelto materia, tema y grado de inclinaci\xf3n verbal. Y sin saberlo traza la par\xe1bola de su vida, de un recitado a otro, con un pincel que imita las cosas sensibles sin dejar de recordar las letras que se dejaron atr\xe1s, sus diagramas olvidados para que los simulacros sigan en movimiento.'