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b'CARLOS CASANOVA'
b'INFANCIA Y CEGUERA'
b'LA CEBRA'

Páginas: 256
Formato: b'22 X 14 CM'
Peso: 0.3 kgs.
ISBN: b'9789878956015'

b'Pensar la infancia como enigma y no como etapa es el camino que despliega INFANCIA Y CEGUERA. Sin embargo, aqu\xed el enigma no es lo que permanece fuera de un saber. No es algo misterioso que no podr\xeda ser dilucidado: es el enigma del saber, lo que lo explica hasta en su origen infante. INFANCIA Y CEGUERA se caracteriza en efecto por un doble gesto, un doble desplazamiento respecto a la tradici\xf3n filos\xf3fica: uno concierne a la comprensi\xf3n de la infancia; el otro, a la comprensi\xf3n del saber.\nUno nos conduce a pensar que la infancia no es lo que se comprende negativamente desde la adultez. Infancia no remite al infans, a la etapa privada a\xfan de palabra. Es apnea, angustia, respiraci\xf3n que se conoce desde su precariedad e incertidumbre. La infancia es entonces la incertidumbre de la vida, m\xe1s que un problema de lenguaje, de adultez, que necesita remontar su origen silencioso. En INFANCIA Y CEGUERA, el infans no es silencio, sino grito vital; y es el nerviosismo de que este grito ocurra a fin de que la respiraci\xf3n se produzca. Es de-mora, m\xe1s que venida. Es intranquilidad y no solo felicidad. De alguna manera, el infante experimenta las tinieblas antes que sean separadas de la luz. La infancia no es el tiempo de la inmadurez que se beneficia de la protecci\xf3n del mundo adulto; es la incertidumbre de la vida que de-mora, que a\xfan no se arraiga a s\xed misma, y que por lo mismo des-plaza al mismo tiempo que requiere un lugar, unos brazos que buscan hacer posible la vida.\nEl otro gesto de INFANCIA Y CEGUERA nos lleva a comprender de una nueva manera el saber a la luz de la infancia, y, m\xe1s precisamente, a la luz de la ceguera de la infancia. Si la infancia es irrupci\xf3n y no mera venida, si es angustia vital y no silencio carente de lenguaje, entonces el saber siempre ser\xe1 apuntado por la infancia, como por un saber que excede la luz de una teor\xeda ya dada. Sin embargo, no se trata de pensar la infancia como misterio inaccesible. La infancia es praxis, tanteo a ciegas, inmersi\xf3n corporal en el mundo que lleva a la progresiva apertura de los ojos, a la formaci\xf3n de retinas que har\xe1n posible la filtraci\xf3n de la luz. La infancia es por lo mismo el enigma del saber; es su origen, no silente, sino vital.\n\nA\xefcha Liviana Messina'

INFANCIA Y CEGUERA

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b'Pensar la infancia como enigma y no como etapa es el camino que despliega INFANCIA Y CEGUERA. Sin embargo, aqu\xed el enigma no es lo que permanece fuera de un saber. No es algo misterioso que no podr\xeda ser dilucidado: es el enigma del saber, lo que lo explica hasta en su origen infante. INFANCIA Y CEGUERA se caracteriza en efecto por un doble gesto, un doble desplazamiento respecto a la tradici\xf3n filos\xf3fica: uno concierne a la comprensi\xf3n de la infancia; el otro, a la comprensi\xf3n del saber.\nUno nos conduce a pensar que la infancia no es lo que se comprende negativamente desde la adultez. Infancia no remite al infans, a la etapa privada a\xfan de palabra. Es apnea, angustia, respiraci\xf3n que se conoce desde su precariedad e incertidumbre. La infancia es entonces la incertidumbre de la vida, m\xe1s que un problema de lenguaje, de adultez, que necesita remontar su origen silencioso. En INFANCIA Y CEGUERA, el infans no es silencio, sino grito vital; y es el nerviosismo de que este grito ocurra a fin de que la respiraci\xf3n se produzca. Es de-mora, m\xe1s que venida. Es intranquilidad y no solo felicidad. De alguna manera, el infante experimenta las tinieblas antes que sean separadas de la luz. La infancia no es el tiempo de la inmadurez que se beneficia de la protecci\xf3n del mundo adulto; es la incertidumbre de la vida que de-mora, que a\xfan no se arraiga a s\xed misma, y que por lo mismo des-plaza al mismo tiempo que requiere un lugar, unos brazos que buscan hacer posible la vida.\nEl otro gesto de INFANCIA Y CEGUERA nos lleva a comprender de una nueva manera el saber a la luz de la infancia, y, m\xe1s precisamente, a la luz de la ceguera de la infancia. Si la infancia es irrupci\xf3n y no mera venida, si es angustia vital y no silencio carente de lenguaje, entonces el saber siempre ser\xe1 apuntado por la infancia, como por un saber que excede la luz de una teor\xeda ya dada. Sin embargo, no se trata de pensar la infancia como misterio inaccesible. La infancia es praxis, tanteo a ciegas, inmersi\xf3n corporal en el mundo que lleva a la progresiva apertura de los ojos, a la formaci\xf3n de retinas que har\xe1n posible la filtraci\xf3n de la luz. La infancia es por lo mismo el enigma del saber; es su origen, no silente, sino vital.\n\nA\xefcha Liviana Messina'