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FERNANDAS TRIAS
EN UN RINCON DE MI NACERA UNA PLANTA
MARCIANA

Páginas: 248
Formato:
Peso: 0.247 kgs.
ISBN: 9786319133820

Dice Hebe Uhart en sus clases: Yo debo dejar pastorear a los personajes en mi cabeza. Me gusta mucho esa imagen. Antes de sentarme a escribir necesito estar segura de que la voz ha tenido suficiente tiempo de pastoreo. El oído juega un papel fundamental. Hasta que no lo oigo hablar, no tengo al personaje. Las novelas que he escrito hasta ahora siempre han partido de una o dos imágenes intrigantes (incongruentes) y una voz que habla de una manera muy específica. Esto no es novedoso, muchos escritores lo dicen, pero hasta que no escuché a otros describir un proceso similar, pensé que había algo defectuoso en el mío. Creía que los verdaderos escritores planificaban la novela como un mapa, mientras que los pobres aspirantes caminábamos con una brújula. Hoy pienso que incluso una brújula es demasiado pedir. Una brújula no te deja perder el rumbo, irás indefectiblemente hacia el Norte o hacia el Sur (aunque hay que saber usar la brújula). Pero escribir no te da esa certeza; más bien es un faro entrevisto en la neblina, cuya claridad podría ser la luz de otro barco o una estrella distante.

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MARCIANA

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Dice Hebe Uhart en sus clases: Yo debo dejar pastorear a los personajes en mi cabeza. Me gusta mucho esa imagen. Antes de sentarme a escribir necesito estar segura de que la voz ha tenido suficiente tiempo de pastoreo. El oído juega un papel fundamental. Hasta que no lo oigo hablar, no tengo al personaje. Las novelas que he escrito hasta ahora siempre han partido de una o dos imágenes intrigantes (incongruentes) y una voz que habla de una manera muy específica. Esto no es novedoso, muchos escritores lo dicen, pero hasta que no escuché a otros describir un proceso similar, pensé que había algo defectuoso en el mío. Creía que los verdaderos escritores planificaban la novela como un mapa, mientras que los pobres aspirantes caminábamos con una brújula. Hoy pienso que incluso una brújula es demasiado pedir. Una brújula no te deja perder el rumbo, irás indefectiblemente hacia el Norte o hacia el Sur (aunque hay que saber usar la brújula). Pero escribir no te da esa certeza; más bien es un faro entrevisto en la neblina, cuya claridad podría ser la luz de otro barco o una estrella distante.