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NINA FERRARI
CARNE DE DIVÁN
SUDESTADA

Páginas: 208
Formato:
Peso: 0.25 kgs.
ISBN: 9786316673220

Toda familia es una escena que continúa ocurriendo aunque nadie esté mirando. En Carne de diván, cada poema abre una puerta y deja ver lo que suele quedar fuera del relato: la economía secreta de la culpa, la diplomacia brutal del amor, las alianzas, las deserciones, los gestos redentores que llegan demasiado tarde. En este libro el lenguaje revela una verdad sin ornamento: que crecer es aprender a respirar en un aire viciado; que la herencia es la prueba irrefutable de que nada empieza de cero; y que amar es, muchas veces, estar en guerra. En mi país inflacionario/ la culpa/ es la única moneda/ que nunca se devalúa. Esta línea no es una metáfora, es una ley física que organiza el universo de este libro. Los poemas avanzan con una lucidez implacable sobre el territorio de lo familiar, ese campo donde conviven el cuidado y la amenaza, la ternura y el daño, el deseo de pertenecer y la necesidad de huir. Porque toda casa/ es una réplica/ del útero:/ para crecer/ hay que expulsar,/ nadie nace/ hacia adentro. En esa expulsión comienza también una forma de la conciencia. Las imágenes trazan el recorrido de quien se atreve a mirar su origen a los ojos y mostrarle los dientes, aunque eso implique morderse a sí mismo. Porque toda casa es un cuerpo. Y todo cuerpo recuerda. Este libro no reconstruye el pasado: lo despierta. Y, una vez despierto, el ayer es un animal herido que no sabe obedecer. Opiniones del libro

CARNE DE DIVÁN

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CARNE DE DIVÁN
SUDESTADA

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Toda familia es una escena que continúa ocurriendo aunque nadie esté mirando. En Carne de diván, cada poema abre una puerta y deja ver lo que suele quedar fuera del relato: la economía secreta de la culpa, la diplomacia brutal del amor, las alianzas, las deserciones, los gestos redentores que llegan demasiado tarde. En este libro el lenguaje revela una verdad sin ornamento: que crecer es aprender a respirar en un aire viciado; que la herencia es la prueba irrefutable de que nada empieza de cero; y que amar es, muchas veces, estar en guerra. En mi país inflacionario/ la culpa/ es la única moneda/ que nunca se devalúa. Esta línea no es una metáfora, es una ley física que organiza el universo de este libro. Los poemas avanzan con una lucidez implacable sobre el territorio de lo familiar, ese campo donde conviven el cuidado y la amenaza, la ternura y el daño, el deseo de pertenecer y la necesidad de huir. Porque toda casa/ es una réplica/ del útero:/ para crecer/ hay que expulsar,/ nadie nace/ hacia adentro. En esa expulsión comienza también una forma de la conciencia. Las imágenes trazan el recorrido de quien se atreve a mirar su origen a los ojos y mostrarle los dientes, aunque eso implique morderse a sí mismo. Porque toda casa es un cuerpo. Y todo cuerpo recuerda. Este libro no reconstruye el pasado: lo despierta. Y, una vez despierto, el ayer es un animal herido que no sabe obedecer. Opiniones del libro