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b'ADOLFO COLOMBRES'
b'BAJOS FONDOS DEL ARTE, LOS'
b'EDICIONES COLIHUE'

Páginas: 256
Formato: b'17 x 24 cm. '
Peso: 0.5 kgs.
ISBN: b'9789876842983'

b'Dec\xeda Isidora Duncan que todo arte que no persigue lo sagrado no es arte, sino mera mercanc\xeda. Y a esto se podr\xeda a\xf1adir que las mismas mercanc\xedas, y en especial cuando se disfrazan de arte para asistir a las grandes ferias, son los nuevos fetiches de la sociedad de consumo. En el fondo, no nos queda m\xe1s felicidad (realidad) que la del recuerdo, ni m\xe1s para\xedso que el para\xedso perdido.\nAs\xed como la destilaci\xf3n es la base de los perfumes m\xe1s exquisitos, se podr\xeda decir que lo es tambi\xe9n de la vida humana, tarea a la que se entrega el arte junto con el mito. Ambos, al hacerse cargo de lo real, lo inscriben en un continuo donde lo visible se amalgama con lo invisible, produciendo esos relumbres ambiguos de la polisemia, propios de la poes\xeda. Con el t\xedtulo Los bajos fondos del arte no se alude a un espacio degradado donde todo se confunde o deja de ser lo que es. Por el contrario, se usa como puntapi\xe9 para pensar ese reino de lo numinoso, de lo saturado de ser. No un brillo cegador, sino el claroscuro que parece sintetizar la luz y la sombra; es decir, la esfera de lo sagrado. El arte, al igual que el espejo, puede no ser una realidad, pero la refleja, y a menudo con mayor contundencia, puesto que significa todo acto que realizamos o percibimos en el estado de vigilia, poniendo incluso a este en duda, pues bien podr\xeda tratarse de un sue\xf1o que sue\xf1a con no so\xf1ar.\nEn esta inmersi\xf3n se empieza por la forma, lo que no podr\xeda ser de otra manera, por m\xe1s que ella se muestre a menudo esquiva y esconda su poder, ya que algo que careciera de ella no podr\xeda llamarse arte. A este eje esencial se a\xf1aden otros dos no menores: la sombra y la ausencia, las que seducen m\xe1s por lo que sugieren que por lo que exponen a los sentidos, los que les otorga fuertes instrumentos para explorar lo numinoso, y a la vez defenderlo de la nueva barbarie que busca corromperlo, para evitar que este desnude a esa falsa felicidad que ella promete a sus reba\xf1os estandarizados y conformistas.\nCon un cuidado lenguaje, a la vez filos\xf3fico, antropol\xf3gico y literario, Adolfo Colombres realiza nuevos avances en la dimensi\xf3n de lo suprasensible para contrarrestar esta era del vac\xedo con el poder deslumbrante de los imaginarios.\n\n\n\n'

BAJOS FONDOS DEL ARTE, LOS

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b'Dec\xeda Isidora Duncan que todo arte que no persigue lo sagrado no es arte, sino mera mercanc\xeda. Y a esto se podr\xeda a\xf1adir que las mismas mercanc\xedas, y en especial cuando se disfrazan de arte para asistir a las grandes ferias, son los nuevos fetiches de la sociedad de consumo. En el fondo, no nos queda m\xe1s felicidad (realidad) que la del recuerdo, ni m\xe1s para\xedso que el para\xedso perdido.\nAs\xed como la destilaci\xf3n es la base de los perfumes m\xe1s exquisitos, se podr\xeda decir que lo es tambi\xe9n de la vida humana, tarea a la que se entrega el arte junto con el mito. Ambos, al hacerse cargo de lo real, lo inscriben en un continuo donde lo visible se amalgama con lo invisible, produciendo esos relumbres ambiguos de la polisemia, propios de la poes\xeda. Con el t\xedtulo Los bajos fondos del arte no se alude a un espacio degradado donde todo se confunde o deja de ser lo que es. Por el contrario, se usa como puntapi\xe9 para pensar ese reino de lo numinoso, de lo saturado de ser. No un brillo cegador, sino el claroscuro que parece sintetizar la luz y la sombra; es decir, la esfera de lo sagrado. El arte, al igual que el espejo, puede no ser una realidad, pero la refleja, y a menudo con mayor contundencia, puesto que significa todo acto que realizamos o percibimos en el estado de vigilia, poniendo incluso a este en duda, pues bien podr\xeda tratarse de un sue\xf1o que sue\xf1a con no so\xf1ar.\nEn esta inmersi\xf3n se empieza por la forma, lo que no podr\xeda ser de otra manera, por m\xe1s que ella se muestre a menudo esquiva y esconda su poder, ya que algo que careciera de ella no podr\xeda llamarse arte. A este eje esencial se a\xf1aden otros dos no menores: la sombra y la ausencia, las que seducen m\xe1s por lo que sugieren que por lo que exponen a los sentidos, los que les otorga fuertes instrumentos para explorar lo numinoso, y a la vez defenderlo de la nueva barbarie que busca corromperlo, para evitar que este desnude a esa falsa felicidad que ella promete a sus reba\xf1os estandarizados y conformistas.\nCon un cuidado lenguaje, a la vez filos\xf3fico, antropol\xf3gico y literario, Adolfo Colombres realiza nuevos avances en la dimensi\xf3n de lo suprasensible para contrarrestar esta era del vac\xedo con el poder deslumbrante de los imaginarios.\n\n\n\n'